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"Habemus Papam": Francisco

Confesémonos ante Dios sin miedo, pide el Papa Francisco

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Tener el coraje ante el confesor de llamar a los pecados con su nombre, sin esconderlos. En su homilía de la Misa celebrada esta mañana en la Casa de Santa Marta, el Papa se centró en el Sacramento de la Reconciliación. Confesarse, dijo, es salir al encuentro del amor de Jesús con corazón sincero y con la transparencia de los niños, sin rechazar, sino acogiendo la “gracia de la vergüenza”, que nos hace percibir el perdón de Dios.


Para muchos creyentes adultos confesarse ante el sacerdote es uno esfuerzo insostenible – que induce con frecuencia a esquivar el Sacramento – o una pena tal que transforma un momento de verdad en un ejercicio de ficción. San Pablo, en su Carta a los Romanos – comentó el Papa – hace exactamente lo contrario: admite públicamente ante la comunidad que en “su carne no habita el bien”. Afirma que es un “esclavo” que no hace el bien que quiere, sino que realiza el mal que no quiere. Francisco observó que esto sucede en la vida de la fe porque “cuando quiero hacer el bien, el mal está junto a mí”:

 

Para ti ¿qué cosa es la esperanza?

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La esperanza no es optimismo, sino “una ardiente expectativa” hacia la revelación del Hijo de Dios. Lo dijo el Papa Francisco en la Misa del martes en la Casa de Santa Marta. El Santo Padre recalcó que los cristianos deben cuidarse de clericalismos y de actitudes cómodas, ya que la esperanza cristiana es dinámica y da la vida.


¿Qué cosa es la esperanza para un cristiano? El Obispo de Roma se inspiró en las palabras de San Pablo, en la Primera Lectura, para resaltar la dimensión única de la esperanza cristiana. No se trata de optimismo, advirtió el Pontífice, sino de “una ardiente expectativa” dirigida hacia la revelación del Hijo de Dios. La creación continuó diciendo el Papa, fue “sujetada a la caducidad” y el cristiano vive la tensión entre la esperanza y la esclavitud. “La esperanza -agregó Francisco haciéndose eco de las palabras de San Pablo- no decepciona, es segura”. Sin embargo, reconoció “no es fácil entender la esperanza”. A veces, puntualizó el Santo Padre, “pensamos que ser personas de esperanza signifique ser personas optimistas”. Pero no es así :

 

Capaces de avergonzarse

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La gracia de la vergüenza es la que experimentamos cuando confesamos a Dios nuestro pecado y lo hacemos hablando “cara a cara” con el sacerdote, “nuestro hermano”. Y no pensando en dirigirnos directamente a Dios, como si fuera “confesarse por e-mail”. Es con estas eficaces expresiones que el Papa Francisco llamó la atención sobre uno de los sacramentos fundamentales de la salvación humana, la confesión. Habló de ello la mañana del viernes 25 de octubre, durante la misa celebrada en la capilla de Santa Marta.

 

San Pablo, después de haber experimentado la sensación se sentirse liberado por la sangre de Cristo, por lo tanto “recreado”, advierte que en él hay algo que le hace esclavo. Y en el pasaje de la carta a los Romanos (7, 18-25) propuesto por la liturgia el apóstol —recordó el Pontífice— se define “desgraciado”. Por lo demás “Pablo ayer hablaba, anunciaba la salvación en Jesucristo por la fe”, mientras que hoy “como hermano cuenta a sus hermanos de Roma la lucha que él tiene dentro de sí: 'Sé que lo bueno no habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo. Y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mí'. Se confiesa pecador. Nos dice: 'Cristo nos ha salvado, somos libres. Pero yo soy un pobre hombre, yo soy un pecador, yo soy un esclavo'”.

 

El dinero sirve, la codicia mata

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El dinero sirve para realizar muchas obras buenas, para hacer progresar a la humanidad, pero cuando se transforma en la única razón de vida, destruye al hombre y sus vínculos con el mundo exterior. Es ésta la enseñanza que el Papa Francisco sacó del pasaje litúrgico del Evangelio de Lucas (12, 13-21) durante la misa celebrada el lunes 21 de octubre por la mañana en Santa Marta.

 

Al inicio de su homilía el Santo Padre recordó la figura del hombre que pide a Jesús que intime a su propio hermano para que comparta con él la herencia. Para el Pontífice, de hecho, el Señor nos habla a través de este personaje “de nuestra relación con las riquezas y con el dinero”. Un tema que no es sólo de hace dos mil años, sino que se representa todavía hoy, todos los días. “Cuántas familias destruidas —comentó— hemos visto por problemas de dinero: ¡hermano contra hermano; padre contra hijos!”. Porque la primera consecuencia del apego al dinero es la destrucción del individuo y de quien le está cerca. “Cuando una persona está apegada al dinero —explicó el Obispo de Roma— se destruye a sí misma, destruye a la familia”.

La oración es la llave que abre la puerta de la fe, el Papa el jueves en Santa Marta

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Si un cristiano “se convierte en discípulo de la ideología ha perdido la fe”, lo dijo el Papa Francisco esta mañana en la misa en la Casa de Santa Marta. El Obispo de Roma puso en guardia a los cristianos de la actitud de tener “la llave en el bolsillo y la puerta cerrada, y reiteró que si no hay oración, se abandona la fe y se cae en la ideología y en el moralismo”.


“¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia!” El Santo Padre desarrolló su homilía partiendo de la advertencia de Jesús de la que habla el Evangelio de hoy. El Papa actualizó esta advertencia. “Cuando vamos por la calle y nos encontramos una iglesia cerrada - dijo - sentimos algo extraño”, porque “una iglesia que esté cerrada, no se entiende”. “A veces,” subrayó, “se nos dan explicaciones” que no son tales: “son pretextos, son justificaciones, pero la realidad es que la iglesia está cerrada y la gente que pasa no puede entrar”. Y, peor aún, “el Señor que está dentro no puede salir”. Hoy, agregó el Pontífice, Jesús habla de esta “imagen de la clausura”, es “la imagen de los cristianos que tienen la llave, pero la ocultan, no abren la puerta”. Peor aún, “se detienen en la puerta” y “no dejan entrar”, y al hacerlo, “ni siquiera ellos entran”. La “falta de testimonio cristiano - observó - hace esto” y “cuando ese cristiano es un sacerdote, un obispo o un Papa es peor”. Pero, se preguntó Francisco, ¿cómo es que un “cristiano cae en esta actitud de llave en el bolsillo y puerta cerrada?”.

 

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