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Las familias numerosas, ¿un “suicidio” económico?

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Ante la gravedad de la crisis económica por la que atraviesa España, ¿optar por la familia numerosa es una decisión positiva para hacer frente a las necesidades económicas o por el contrario es una auténtica temeridad?

En respuesta a esta pregunta, el sociólogo y profesor de ESADE Lluís Sáez Giol afirma que “hoy las familias numerosas de antaño son un fenómeno en extinción” y que, ante la crisis, “lo que antes podía ser visto como un recurso, hoy puede convertirse en un suicidio económico”.
 

Cabe recordar que la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) fue fundada por un grupo de empresarios emprendedores y la Compañía de Jesús, y es una institución académica privada de Barcelona vinculada a la Universidad Ramón Llull, de inspiración cristiana.

Sáez muestra su consideración negativa sobre las familias numerosas en un artículo de opinión, ‘Lo que ha cambiado de ayer a hoy’, publicado este domingo, 17 de julio, en el diario La Vanguardia, conjuntamente con otro firmado por Eva Holgado Pascual, presidenta de la Federación Española de Familias Numerosas, que responde al título de ‘Una aventura voluntaria.

En contraposición a lo que piensa el profesor de ESADE, Holgado opina que “las grandes familias tienen más recursos para enfrentarse a la crisis”. Ambos artículos se incluyen en la sección de La Vanguardia ‘Temas de debate’ bajo el título genérico de ‘Familias numerosas: ¿héroes o inconscientes?’.

Argumentos basados en vicios
 
Para argumentar sus afirmaciones, el profesor de ESADE se basa en una serie de fenómenos que se dan en la sociedad actual debido a que “han cambiado mucho las pautas culturales de las familias”. Sin embargo, lo que esgrime Sáez son más bien vicios que pautas culturales.

Dice el sociólogo en su artículo que esas pautas “han cambiado en relación al consumo. En los tiempos del llamado hiperconsumo, el nivel de gasto (y endeudamiento) de las familias se ha disparado, y se han roto algunos hábitos cruciales”.

Entre esos hábitos destaca que “la individualización del consumo hace que los hijos quieran ‘heredar’ cada vez menos cosas de los hermanos mayores, y piénsese en cuantos hogares tienen dos o tres aparatos de televisión, cuando antes el televisor era de uso común por excelencia”.

“Si además se quiere ir a la moda en tiempos en que las modas duran (se hacen durar) menos que nunca, peor lo ponemos, ya que entonces los hijos se convierten virtualmente en un ‘bien de lujo’. A todo ello debemos añadir los gastos de ocio de los adolescentes, y otro cambio cultural: que pocos jóvenes destinan siquiera una parte de su sueldo a contribuir a la economía familiar”, añade.

El profesor de ESADE concluye subrayando que “es fácil deducir por qué hoy en día ser una familia numerosa […] deviene un factor de altísimo riesgo ante situaciones de crisis. Lo que nos debería dar que pensar sobre lo mal que lo deben estar pasando ahora estas familias, y sobre qué hábitos actuales son en realidad muy malos hábitos”.

‘Una aventura voluntaria’

Una primera cuestión sobre la que habría que reflexionar es que las escuelas patrocinadas por congregaciones religiosas, dentro del marco de la libertad de cátedra, tendrían que velar para que el discurso de sus profesores no sea tan contrario a lo que en teoría se presupone que es su corpus de pensamiento, ya que en este caso se trata de una escuela propiciada por la congregación de los jesuitas.

Pero, además, hay argumentos de peso que cuestionan sus tesis, como los expuestos por la presidenta de la Federación Española de Familias Numerosas en el otro texto publicado por La Vanguardia, ‘Una aventura voluntaria”.

Eva Holgado recuerda en su artículo que “mucha gente considera que ‘tal y como está la vida’ es una locura tener muchos hijos. Pero que sea una locura o no es algo tan personal como el proyecto familiar que cada uno haya elegido”.

De hecho, “la crisis actual no es el mejor escenario para tener muchos hijos, pero la responsabilidad de tenerlos es algo que pertenece a la esfera de lo más íntimo y personal y depende de los valores y de la escala de necesidades materiales e inmateriales que cada uno tenga”, añade.En ese sentido, considera que “las grandes familias tienen más recursos para enfrentarse a la crisis porque estos hogares viven, por lo general, con una mentalidad de ‘crisis’ casi permanente: los recursos son escasos o ajustados y es normal tener que apretarse el cinturón y prescindir de caprichos”.

Al mismo tiempo, “las familias numerosas suelen formar a los niños en la cultura del reciclaje, el compartir, repartir... Cuando no hay para todo, hay que establecer prioridades y renunciar a ciertas cosas, y eso es algo que los niños aprenden a aceptar desde pequeños y les compensa enormemente”.

Eva Holgado destaca que “ser familia numerosa en época de crisis no es cuestión de ser héroes o inconscientes; somos simplemente valientes, valientes por embarcarnos en esta aventura de tener muchos hijos, aunque lo hacemos voluntariamente, porque creemos en ello y lo queremos”.

“Requiere, eso sí, grandes dosis de optimismo e ilusión, porque la falta de apoyos que tenemos en España a menudo nos obliga a remar a contracorriente, pero el esfuerzo merece la pena. Las familias de gran tamaño absorben gran cantidad de energía y recursos de todo tipo, pero nos devuelven grandes momentos de felicidad, a nosotros y a nuestros hijos”, concluye.

En juego, el Estado del Bienestar

Una última cuestión a destacar en relación a los argumentos de Lluís Sáez es que, más allá de lo apuntado por él, de la libertad de la acción, y más allá de la visión subjetiva de cada uno, hay que recordar un hecho inapelable y que el profesor de ESADE parece no entender.

El problema de fondo es que, a la larga, si no hay familias numerosas no hay sistema público de pensiones. ¿Por qué? Porque el sistema publico de pensiones empieza a funcionar a partir del tercer hijo. Los dos primeros sólo sirven para cubrir las pensiones de sus progenitores. Es a partir del tercer hijo cuando se pueden empezar a cubrir los gastos de otras pensiones.

Al mismo tiempo, si el sistema público de pensiones está en riesgo también lo está el propio Estado del Bienestar. Así, si el Estado y la sociedad en su conjunto quieren un óptimo Estado del Bienestar se deberían incentivar en la medida de lo posible las familias numerosas, no castigarlas.

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