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Editorial: “Benedicto XVI verbaliza en tres sustantivos”

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Nos sorprendes un día más… 

 

Reconocemos que siempre fueron gratas sorpresas las tuyas, pero hoy nos has despertado, –querido Santo Padre– , con una sorpresa inaudita… “!Sorprendidos, sí! ¡Pero no desconcertados! Pues sabemos bien, que cuando asimilemos bien tu noticia, será para mayor Gloria de Dios y bien de la Iglesia. Me permito resumir para todos este comunicado en el que Benedicto XVI  ha anunciado a los cardenales su decisión de renunciar al Ministerio de Pedro, con tres sustantivos y dos adjetivos: La libertad, la humildad y la sabiduría; En la tranquila y profunda reflexión que han caracterizado su vida y sus casi ocho años de pontificado.  

 

 La libertad, le confiere validez jurídica, la humildad, le otorga virtuosidad humana y la sabiduría, carácter providente y divino.

  

Supongo que surgirán hoy todo tipo de analistas buscando otras razones en la renuncia del Papa. Pero no hay más que la que tú nos das, y la creemos firmemente: Tu falta de fuerzas: “…el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.” Sabemos que tu espíritu no flaquea, pero aceptamos que tu cuerpo sí.

 

El mundo sólo se fija en el poder. Por eso criticó y no entendió que Juan Pablo II permaneciera en su puesto en la humillación de su debilidad y tampoco entienderá ahora que Benedicto XVI no se aferre al poder. Pero nosotros cristianos sabemos ver las cosas de otra forma. Lo que Dios disponga. El mundo criticará tu decisión, sin dar razones de ello, con el único afán de desprestigiar a la Iglesia, pero nosotros te apoyamos y admiramos en ella, como lo hemos hecho en todas tus decisiones, por lo demás siempre acertadas. 

 

La perspectiva histórica nos permitirá valorar adecuadamente la grandeza de tu pontificado que ha establecido nuevas bases para el diálogo entre el cristianismo y el mundo laico y que ha renovado a la Iglesia en la raíz misma de su experiencia de fe y en su capacidad de comunicarla al mundo. 

 

Benedicto, tú has señalado a México con un especial aprecio y atención. A los mexicanos nos ha encomendado la tarea de dar vida a un nuevo encuentro entre fe y laicidad que supere viejas incomprensiones. Para ello tenemos y tendremos siempre en ti a un testigo y a un maestro. 

 

Como nos ha comunicado el Decano del Colegio cardenalicio, Ángelo Sodano, tu estrella brillará siempre en medio de nuestras fatigas y empeños y nos señalará un camino seguro para testimoniar la fe en un mundo perplejo y sediento de esperanza.              

 

            ¡Gracias, Santo Padre!. ¡Gracias por este gran gesto de hoy, que te honra una vez más!. ¡Gracias por decirnos que tus fuerzas son menores que tu capacidad para llevar el timón de la barca de Pedro.!

 

            ¡Gracias! ¡Por tu humildad y sencillez, por tus palabras siempre certeras y realistas, por tu percepción acertada de la realidad, por tu propuesta de verdad, de Jesucristo…! ¡Gracias por su inteligencia lúcida y despierta… Por tu cercanía y cordialidad…! ¡Gracias, Santo Padre, por tu nobleza…!

 

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