A+ R A-

Oxímoron

Correo electrónico Imprimir PDF

“Signos de preocupación”

“Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.” según La Real Academia Española de la lengua, define el concepto:


El cuestionamiento que les planteo en estas breves líneas editoriales, no será si el silencio truena, o la sal es dulce, o el gas sólido. Sino otros “oxímoron” que estos días corren de boca en boca con total e ignorante impunidad.

 


 Seguramente les suena familiar el concepto. “Ideología de Género”… Hace tiempo que el sintagma se ha ido instalando en el lenguaje común, proveniente de la dialéctica política, aunque me reservo el derecho de la duda, y afirmo –sin temor a equivocarme– que la gran mayoría lo emite sin saber qué expresa y lo escucha sin saber qué significa…


    Prueba contundente de esto es una frase que la gran mayoría de los mexicanos hemos escuchado en los últimos días en el debate político preelectoral: “…no criminalización de la mujer”. Esto no es, sino un ejemplo de la puesta en escena del “relativismo ético consensuado” llevado al lenguaje, pues opositores en ideas, pueden utilizar los mismos términos para designar realidades opuestas.


    Simplemente les pregunto, a modo de aclaración: ¿quién hace criminal a una mujer o a un hombre? ¿Es la sociedad?, ¿es el estamento político?, ¿es la ley?... ¿No será más bien cada cual, es decir, nuestras propias obras, las que nos hacen culpables… tanto a nivel de conciencia, como a nivel social? Cuando actuamos contra el bien, optamos por el mal… y eso nos transforma en malevolos. Cuando hablamos contra verdad, mentimos y nos hacemos a nosotros mismos mentirosos. O cuando violamos la propiedad ajena, robamos, y ladrones somos. Más aún, si atentamos contra la vida humana, matamos, y eso nos convierte en asesinos. Es un cambio ontológico, en el ámbito del ser; se produce una transformación radical en nosotros, independientemente de que la ley o la autoridad lo dictamine. Razón tenía Jesús cuando dijo: “Nada que viene de fuera puede matar al hombre, lo que sale de dentro es lo que nos mata…” (Evangelio).


    Pero aquí estamos evidenciando un grave problema: cuando escuchamos “no criminalización…”, resulta que estamos exportando al fuero externo el juicio del bien y del mal. Y eso nos convierte –mejor dicho–, convierte al estamento político, al legislador, incluso a la sociedad, en “dios”. Y les pregunto: ¿Puede Peña Nieto, o López Obrador, o Vázquez Mota, o Quadri… sumen cuantos nombres quieran, senadores, diputados, gobernadores, ciudadanos todos, arrogarse el nombre de dios y decidir qué está bien y qué está mal?...


    Y todo por una simple manipulación del lenguaje, como intercambiar “sexo” por “género”, “aborto” por “interrupción del embarazo”, “libertad” por “libertades”, “individuo” por “ciudadano”, o acuñar otros como “matrimonio homosexual”, “muerte sin dolor”, “libertad de decidir”, “salud reproductiva” y un largo etc… todos ellos eufemismos que nos llevan al error…


En el caso que nos ocupa, simplemente se intercambió el concepto “penalización” por “criminalización”… y ya ven las consecuencias: de aplicar o no un castigo, una pena (que obviamente sí corresponde a la autoridad humana), nos fuimos a convertir en dioses para decidir qué esta bien o mal, si es crimen o no lo es, arrogándonos unos derechos que tiene la misma naturaleza… poniéndonos por encima de la creación.


Piensen por un momento qué entienden ustedes cuando escuchan la frase: “no criminalización de la mujer…”. ¿Me equivoco si te digo que ya no estás pensando en si se irá a la cárcel por abortar?, de hecho pregúntate e investiga: ¿cuántas mujeres están hoy día, –no en México, en el mundo entero–, cumpliendo castigo en un reclusorio por haber abortado a su hijo? ¿No estamos más bien, desde un lenguaje ambiguo, juzgando y justificando como algo bueno, un delito execrable como es matar a un ser humano, el más indefenso, al propio hijo en el vientre materno…???


Éste es amigos, el “imperio del relativismo” que se abre camino en nuestra sociedad. Reflexionemos, pues esto no es sino una simple manifestación de cómo la “ideología de género” ha permeado el lenguaje, sigue creando opinión, va conquistando el nivel de conciencia, hasta instaurar su“dictadura” en nuestra sociedad.


Y lo más triste, y éste pretendía ser el objeto de esta editorial, es que tal dictadura derribó finalmente el último bastión de defensa que parecía invulnerable: el baluarte de los académicos de la lengua.


Penosa noticia leer hace unos días, para los que nos mantenemos en las trincheras, que el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) admite la acepción de “matrimonio homosexual”. Efectivamente, las 22 Academias de la lengua española han llegado al acuerdo de introducir en la XXIII edición del Diccionario, en otoño de 2014, la acepción de “matrimonio homosexual”, en la entrada “matrimonio”.


La reacción de los medios, así como el júbilo en unos casos y la irritación en otros, revela que no estamos ante una cuestión gramatical, sino ante una polémica ideológica, de la que no estoy seguro que los sabios académicos hayan sido del todo conscientes.


Que el Diccionario incluya el “matrimonio homosexual” como una acepción más de “matrimonio”, que seguirá definiendo como “unión de hombre y mujer”, es la consagración de un notable oxímoron, como la sal dulce o el gas sólido. Desde el punto de vista gramatical no es la primera vez que la Academia hace algo parecido: ahí están el adjetivo “lívido”, que significa tanto pálido como amoratado, o “álgido”, que puede querer decir lo mismo muy frío que muy caliente. Estas contradicciones no son más que la constatación de que el Diccionario hace ya tiempo que ha renunciado a ser normativo para convertirse cada vez más en un mero recurso de uso. Lo cual no tendría por qué ser cosa grave en términos generales; pero en el caso que nos ocupa, la decisión de las Academias tiene connotaciones ideológicas más serias pues afecta a la antropología, es decir a la esencia misma del ser humano.


Se está postulando una antropología de consecuencias devastadoras para el desarrollo psicológico, social y humano de las personas, pues pretender hacer pasar como equiparables a todos los efectos (legales, sociales y también morales) cualesquiera conductas sexuales constituye una gravísima impostura que, por la imposibilidad natural de ser llevada a la práctica, inexorablemente conducirá a imposiciones totalitarias (dictadura) y aniquiladoras de la libertad humana, cosa tanto más perversa cuando se pretende bajo la bandera de una presunta libertad.

Lo mas leido...