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Editorial: “Se abre la veda para matar…”

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Estimado lector, ¿qué harías, o qué pensarías si mañana matan a tu hijo?


    Piensa despacio tu estrategia y tu decisión antes de seguir leyendo…. Pero, tranquilo, te comento que los encargados de hacerlo serán los más expertos en la materia, contrataremos a los asesinos mejor preparados y pulcros, y además se proveerán los medios para que la muerte se produzca en la mejor de las situaciones posibles, como un paraíso para morir, algo que hará que la muerte sea un placer.

 


    Claro, aquí hemos pensado en todo y en todos, excepto en el protagonista. Porque ¿qué pensaría tu hijo? ¿Estará dispuesto a sacrificarse en estas condiciones?


    Lamentablemente, no tenemos esa respuesta, porque simplemente no se le planteará la pregunta… ¿Pero tú? ¿qué piensas?


    Creo no equivocarme si has pensado que eso es una atrocidad, y menos si piensas en proceder jurídicamente contra los implicados, porque obviamente se está comentiendo un delito y se están violando descaradamente los derechos fundamentales de tu hijo.


    Estamos bien, si así fuera… pero parece que nuestras sociedades están dando un giro copernicano y ya no pueden ser garantizados esos derechos fundamentales de la persona, y menos aún podemos con tanta facilidad hablar de delitos, porque parece que nos faltan elementos de juicio, que otros podrían aducir en su defensa…


    Quiero que veas con objetividad este aspecto, porque la vida ya no es un derecho humano fundamental, –el primero de todos– según la carta magna sellada en su día… es simplemente un derecho relativo. Relativo al hecho de que si tu vida interfirió con la mía, tus derechos con los míos, tu interés con el mío. Puedo, amparado por la ley, simplemente quitártela.


    Suena extraño, ¿verdad?. Pero esto es lo que ha sucedido en España hace unas semanas, generando una jurisprudencia que sería más propia de ciencia ficción que de realidad. La sentencia absolutoria de 11 acusados por realizar abortos (estaban computados y documentados más de 100 por los que se pedía a los implicados cerca de 300 años de cárcel) obviamente fuera de los tres supuestos permitidos por la ley de 1985. Se trata del caso Morín, doctor abortista peruano, radicado en Barcelona (España) y dueño de tres famosas clínicas (Ginemedex, TCB y Barnamedic) en esa ciudad.


    Te preguntarás cómo ha llegado la justicia española a tal dictamen. Pues lo cierto –y sorprendente a mi juicio– es que la absolución tiene este fundamento, y cito textualmente: “no hay pruebas condenatorias”, porque todas las intervenciones se practicaron “con el consentimiento y a petición expresa de las mujeres embarazadas”, en “centros homologados” y con “personal titulado”.


    Irónico, ¿desde cuando un delito, puede dejar de serlo por la cualidad circunstancial de quien lo comete? Siento aversión por la impunidad ante el aborto, pero me da pavor pensar que nuestro sistema de justicia está infectado por la ideologización de unos pocos.


    ¿En qué sociedad nos tocará vivir? ¿aquella en la que la dictadura de las minorías dictarán en base a consenso y opinión qué es verdadero y falso, o qué es bueno y malo?


    Yo, por mi parte me reafirmo en que la Verdad como el Bien, son absolutos, y nunca fruto de opiniones consensuadas siempre relativas.

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