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Los orígenes y la difusión internacional del “New Age”

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El “New Age” nace a partir de la mitad del siglo XIX en Nueva York. Varias de sus fundadoras, como Helen Blavatsky y Alice Bailey, afirmaban que habían recibido iluminaciones de seres espirituales y su misión era transmitirlas a sus discípulos en conferencias, libros, revistas y mediante sesiones de espiritismo. Así nace la Teosofía que es una mezcla de ocultismo y misticismo oriental.

 

El Papa León XIII no dudó en afirmar tanto en sus discursos como por escrito que la Teosofía y la Masonería se identifican plenamente ya que buscan sustituir  los valores  cristianos con este neopaganismo. Y, por lo tanto, les advierte a todos los fieles católicos que no se afilien ni caigan en actitudes ingenuas, sino que tengan criterios claros sobre el modo de proceder, porque atacan frontalmente el depósito de la fe  y, por lo tanto, están condenadas por la Iglesia.

Menos de un siglo después, en 1945, concluyó la Segunda Guerra Mundial y, particularmente en Estados Unidos, se respiraba un aire triunfalista y belicoso porque se tenían las fuerzas armadas más poderosas de la tierra. Se editaron cientos de películas para realizar una  propaganda masiva y bélica en todo el orbe.

 

Pero la gente deseaba la paz, tranquilidad y regresar a sus trabajos en el campo o en la ciudad por el bien y progreso de la nación. Sin embargo, pocos años después, Estados Unidos y Corea se enfrentaron en una guerra que se pudo haber resuelto por la vía diplomática y hubo muchos muertos y heridos en ambos bandos.

 

En 1963, Estados Unidos decide entrar de modo más decisivo en la Guerra de Vietnam. Originalmente pensaban sus gobernantes que se trataría de un conflicto breve pero se alargó hasta 1975, con una estrepitosa derrota que conmocionó al país entero. El resultado es que murieron miles de  jóvenes, muchos otros quedaron mutilados o con severos trastornos emocionales y un buen número  de ellos fueron a parar a clínicas psiquiátricas.

 

Desde los inicios de los años sesenta, se fue extendiendo por toda Norteamérica un movimiento pacifista, al que se le unió el movimiento hippie, los ecologistas, los vegetarianos y muchos otros grupos. Era tal el desencanto social, la desilusión y la pérdida de ideales, que esta nueva corriente de pensamiento tuvo una gran aceptación entre la juventud: “Haz el amor y no la guerra” era uno de sus lemas.

 

En ese contexto cobró una importante fuerza el “New Age”, que coincidió con el vertiginoso desarrollo de los medios masivos de comunicación. Me parece que dos canciones ilustran bastante cómo fue arraigando entre la juventud de muchos países mundo.

 

El llamado “Hippie Mayor”, el cantante Scott McKenzie, en su melodía, “Flores en tu pelo”, cantaba: “Si vas a San Francisco,/ debes asegurarte/ de llevar flores en tu pelo/ por toda la nación se vive una extraña sensación de vibración, / de gente en movimiento. / Es toda una generación/ que tiene una nueva visión de la vida”.

 

Esa “vibración” a la que se refiere, se obtiene con la permanente unión con un Ser Supremo y Totalizador que carga a cada ser viviente de “energía espiritual”. Además de que  plantea el retorno del hombre a la naturaleza, a su origen primitivo. Los hippies reciben  influencia de Juan Jacobo Rousseau en la que  piensan  erróneamente que el hombre es naturalmente bueno, pero es más bien la sociedad quien lo corrompe. Entre otras consecuencias, según ellos, las personas deben  dejarse llevar por sus instintos y sentimientos. El pretender encauzarlos equivale a reprimirlos y, por tanto, se actúa en contra de su naturaleza.

 

Más reveladora resulta la canción del grupo “Quinta Dimensión”, titulada: “Acuario/Deja que el sol entre”. Dice su letra: “Cuando la luna esté en su séptima casa/ y Júpiter se alinee con Marte. /Entonces la paz guiará a los planetas/ y el amor dirigirá a las estrellas./ Habrá armonía y comprensión,/empatía y confianza./No habrá mentiras ni burlas./ Sueños de visiones doradas y vivientes;/ revelaciones de cristales místicos,/ y vendrá la verdadera liberación de la mente./ Es el amanecer de la “Era de Acuario”./Deja pues que la luz del sol entre./ Ahora que todo el mundo canta esta misma canción./Abre tu corazón a la luz del sol/y cuando te sientas solo o maltratado,/deja que el sol te conforte./ Deja que el sol brille y abra tu corazón/¡Y tienes que verdaderamente sentirlo!”.

 

Este par de melodías –y muchas otras, con letras parecidas- se divulgaron  por los cinco continentes. La postura del “New Age”, en resumen, propone un regreso al paganismo y un rechazo abierto a la civilización cristiana. El nuevo “dios” es el sol; la tierra es “nuestra madre y diosa” y, por lo tanto, deben de ser adorados. A través del sol recibimos toda la energía y vibración cósmica y la tierra nos alimenta amorosamente.

 

Hay cristales que, según ellos, son curativos. Por ello, millones de personas comenzaron a usar collares y pulseras. De igual forma, consideran que hay zonas o lugares del mundo donde la energía del universo se recibe con más intensidad, por eso hay que visitar con frecuencia esos sitios.

 

Se difunde la meditación trascendental budista, el yoga, el tarot, el uso de diversos amuletos; se acude de nuevo a los horóscopos y proliferan las sesiones espiritistas.

 

También, se cae en el Panteísmo, que se puede sintetizar en que todos, en realidad, formamos parte de un Todo Común, ya sea el “dios sol”: la “diosa tierra”, los seres humanos, los planetas, las estrellas, las plantas, los animales, el mundo submarino…Además el universo es concebido como un “océano de energía” y que cada quien debe de aprender a sacarle partido mediante muy variadas técnicas.

 

Vacían semánticamente muchos términos, por ejemplo, “Cristo es el Gran Total o la Suprema Energía” y cuando vivió en la tierra fue un sabio más, comparándolo con Buda, Mahoma o Gandhi. De manera que para ellos no es el Hijo de Dios Encarnado; Perfecto Dios y Perfecto Hombre, como nos señala la Iglesia. También los ángeles no son espíritus puros que nos guían y ayudan en el camino de nuestra Salvación, sino “porciones de energía circulante sobre la superficie de la tierra que de alguna desconocida  nos ayudan”. A su vez, La Metafísica no es una rama de la Filosofía que estudia al Ser sino “una serie de conocimientos y consejos sobre cómo adentrarnos en el mundo extraterrestre y  con las fuerzas misteriosas del universo”, etc.

 

En el fondo, sostienen que todas las religiones son iguales. Luego, toda persona es libre de escoger lo que más le plazca de cada una de ellas. Como una especie de “servicio a la carta” que ofrecen los restaurantes. Concretamente, la moral –del modo como la concebimos los católicos- no existe para ellos, sino que cada quien se debe de liberar de prejuicios y proponen una ética universal, que proclame la bondad, fraternidad, el respeto mutuo, el amor y la paz entre todos los hombres.

 

También tiene esta corriente de pensamiento su afán mercantilista para vender alimentos ecológicos, medicinas naturales, plantas “con energía”, centros de relajación psicosomática, la medicina alternativa, los productos vegetarianos…

 

Considero que la causa del éxito del “New Age” es que -a través de los medios de comunicación, las canciones, el cine y otras manifestaciones artísticas- se ha convertido rápidamente en un fenómeno de masas que atrae por su ambigüedad, comodidad, romanticismo y sentimentalismo religioso. Su postura es pseudofilosófica porque no les interesa el estudio ni los trabajos de investigación para llegar a las verdades cientíticas. De manera que todo se reduce a momentáneos y pasajeros  “feelings” (sentimientos). Hay también un culto al egoísmo y subjetivismo porque sostienen que: “Hagas lo que hagas, lo importante es sentirte siempre contento, en plena paz y  armonía con contigo mismo y el universo entero”.

Finalmente, es fácil percibir que detrás del “New Age” hay un interés y anhelo  por volver al sentido religioso de la existencia. Estamos ante la presencia de personas que sufren por una pérdida de valores y del sentido de sus vidas y, por tanto, padecen de un profundo vacío interior. Todo esto se capta, también, por su vehemente deseo y atracción por lo divino, pero canalizado de manera equivocada y en formas distorsionadas e irreales.

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