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¿Cae un ícono gay?

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Políticos de la ONU y de otras instituciones habrán notado que los padres de Matthew Shepard se han convertido en destacados voceros de los derechos de las personas gay en todo el mundo.

 

Se presentaron en la ONU y recientemente también hicieron un recorrido por capitales europeas bajo el auspicio del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que ha convertido los derechos LGBT en uno de los intereses principales de la política exterior estadounidense.

 

Matthew Shepard es un joven que fue exterminado brutalmente en octubre de 1998. Casi inmediatamente la atención mundial se centró en la especulación de que los asesinos de Shepard le habían torturado y asesinado por animosidad ante el hecho de que era gay. Lo ataron a una cerca en las afueras de la pequeña ciudad de Laramie, Wyoming, y su muerte fue comparada con la crucifixión de Jesucristo.

 

A días de su fallecimiento, Shepard se convirtió en el rostro de los derechos de los gais en Estados Unidos y en todo el mundo. Una editorial del New York Times de aquel entonces insinuó que Shepard era el representante de los derechos de los homosexuales que el movimiento siempre había necesitado. Era joven, apuesto e inocente.

 

Desde el principio hubo quienes negaron la historia de Shepard. La crítica social Camille Paglia escribió en Salon que Shepard tenía preferencia por lo que en inglés se conoce como «rough trade» (prostitución homosexual sádica) y que podría haber muerto a causa de eso. En aquel momento, los detectives sugirieron que la muerte muy probablemente estaba vinculada a las drogas más que a su homosexualidad. Un segmento de ABC 20/20 varios años más tarde analizó esa posibilidad.

 

No obstante, un nuevo libro de Steven Jiminez, periodista gay galardonado, va mucho más allá que los anteriores críticos de la historia de Shepard. Jiminez fue a Laramie muchos años atrás con el objeto de realizar entrevistas para el guión de una película sobre la vida y la muerte de Shepard. Casi inmediatamente comenzó a escuchar historias jamás contadas y que contradicen rotundamente la idea de que Shepard haya sido asesinado porque era gay.

En The Book of Matt revela lo que la gente del pueblo supo desde siempre: que Shepard estaba muy vinculado al ambiente de las drogas en Laramie (él mismo pudo haber sido narcotraficante) y, lo que es más importante, que conocía a los homicidas. Aún más: él y sus asesinos mantenían relaciones sexuales.

 

Una de las ideas de la historia predominante era que Shepard no conocía a quienes le habían matado, que ellos habían ingresado al bar Fireside esa noche a las 11.45 y que de algún modo habían hecho que un completo desconocido, Shepard, se fuera con ellos quince minutos más tarde. Según el libro de Jiminez, Shepard conocía bien a sus asesinos. En el libro se especula que Shepard fue asesinado porque él tenía una nueva reserva de metanfetamina y que ellos la querían. En la obra también se cuenta que el principal homicida, Aaron McKinney, transitaba un período de cinco días de abuso de esa droga, estado proclive a la violencia maníaca.

 

Se ha dado parte del nuevo libro en la prensa gay y también en la conservadora, pero no parece haber irrumpido en la corriente dominante, no todavía, de todos modos. Las cosas pueden cambiar cuando el libro sea finalmente publicado el 1 de octubre. Pero permanece la pregunta: ¿esta nueva historia modificará de manera alguna aquella predominante que ha beneficiado tanto al movimiento gay? Si Matthew Shepard fue asesinado estrictamente por una cuestión de drogas por quien fuera en algún momento su pareja, ¿cómo influirá esto en su condición de mártir en la comunidad gay y en el mundo en general, incluso en las Naciones Unidas?

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