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¿En qué forma se relaciona la enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio a las personas que se sienten atraídas a personas del mismo sexo?

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Jesús sentía mucha confianza hablando la verdad. Él no estaba limitado por las tradiciones de su época. Él hizo y habló lo que Él sabía era verdad.  Él mismo es la Verdad.  Jesús no discriminó pero Él claramente enseñó que el matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer. Él también estuvo claramente en desacuerdo con el comportamiento sexual fuera del matrimonio. Así como hizo Jesús, la Iglesia enseña que el matrimonio entre un hombre y una mujer es el único contexto apropiado para las relaciones sexuales.

La enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio reconoce que toda persona humana es hecha a imagen y semejanza de Dios y tiene una dignidad inviolable. Cada persona humana es un don que merece respeto y amor. Es importante reconocer que las personas con inclinaciones homosexuales han sufrido y pueden sufrir muchísimo. Históricamente, a estas personas muchas veces se les ha tratado como ciudadanos de segunda categoría. Con frecuencia, los primeros años de las personas que se sienten atraídas a personas del mismo sexo pueden ser muy dolorosos y pueden incluir largos períodos de soledad, confusión acerca de sus propios sentimientos, dolor por odiarse a sí mismo y, lo que es más triste, hasta llegar a pensar en el suicidio. Desafortunadamente, algunas personas han llegado al punto de hacer realidad estos pensamientos.

 

La Iglesia cuida y acepta a las personas que sienten inclinaciones homosexuales. Ésta rehúsa ponerle calificativos a  nadie. Muchas personas que tienen inclinaciones homosexuales asisten a Misa regularmente, son activos en la vida parroquial y procuran recibir los sacramentos.  La Iglesia invita y recibe a todos para orar y rendir culto y está deseosa de escuchar la historia de cada uno. Desde hace mucho tiempo, la Iglesia ha estado trabajando en su ministerio a personas enfermas de VIH/SIDA y ella continúa haciendo su labor de extensión pastoral e invita a todas las personas a seguir el camino de Jesús. La Iglesia no desea que la enseñanza y la belleza del matrimonio, el cual es un sacramento al servicio de la unión (comunión y misión), sea ocasión para causar más división.

 

La sexualidad es una parte buena de nuestra naturaleza humana. La Iglesia, el Cuerpo de Cristo, nos anima a todos a buscar el perdón por la debilidad humana y por el poco criterio en el campo de la sexualidad humana que, con frecuencia, dan como resultado unas tragedias humanas de grandes proporciones.

 

La Iglesia sabe bien que los pecados sexuales no son los únicos pecados en el mundo. La codicia, la ira, la violencia y la envidia causan dolores indecibles a millones de personas. Sin embargo, la Iglesia también entiende que los estilos de vida sexual que hacen caso omiso al matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, son especialmente dañinos a la vida, al matrimonio y a las familias.

 

Hoy en día en nuestra cultura, es común escuchar las palabras “opción”, “derechos”, “tolerancia” e “igualdad”, especialmente entre la gente joven y, con frecuencia, en relación a asuntos como el matrimonio o la expresión sexual. Pero, realmente, ¿qué significan estas palabras? Los jóvenes, al estar creciendo en un mundo lleno de quebrantos y de rechazos, sienten hambre por algo más, por algo sustancial, por la verdad. Una de las grandes ventajas que tiene la juventud es su sed y su entusiasmo. Con mucha frecuencia hoy en día esa sed está mal satisfecha. La Iglesia nos invita a todos a proclamar la verdad en el amor a la vez que vivimos en la luz de la verdad.

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