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¿Libertad de creación o libertad de burla?

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Una jornada casi perfecta, espléndida y soleada, para Roma y para el mundo. Así se podría resumir el pasado domingo 1 de mayo, es decir el día en el que fue proclamado beato el Papa Juan Pablo II. La solemne liturgia, celebrada en la plaza de San Pedro, atrajo a la Urbe, según algunas estimaciones, hasta 1,5 millones de fieles y peregrinos, venidos de todo el mundo, desde el lejano México hasta Polonia, la tierra nativa del nuevo Beato.
 
Una viñeta sobre el Beato Juan Pablo II: la “nota discordante” de Il Misfatto.
 
A menudo el arte contemporáneo busca la provocación en vez de la belleza.
 
 
 
 
 
Todo se desarrolló con gran orden y sin incidentes, pero no podía faltar la acostumbrada “nota discordante”. De esto se ha encargado el dúo de periodistas que dirige el periódico independiente Il Fatto Quotidiano, Antonio Padellaro y Marco Travaglio, que -coincidencias de la vida- el mismo 1 de mayo publicó en su tira cómica Il Misfatto, una caricatura muy irreverente, según algunos directamente una blasfemia, del Papa Wojtyla.

El dibujo, que lleva la firma del dibujante de cómics eróticos, el italiano Milo Manara, representa al difunto Pontífice en el Paraíso, donde yace sobre una nube y está rodeado por tres mujeres-ángeles, muy atractivas, con actitud provocativa y expresión maliciosa. Mientras que una voz dice: “¡Te han hecho santo! ¡Se terminó el viaje gratis!, la leyenda que acompaña a la viñeta es también muy irreverente. “En la tierra no lo dejaban morir (pero luego le dieron ese gusto, no como al pecador de Welby). En el paraíso no lo dejan vivir”, se puede leer, aludiendo a la enfermedad y la agonía del Papa polaco y a la llamada “muerte dulce” de Piergiorgio Welby en diciembre de 2006. Elocuente es también el título, “No hay paz para Wojtyla”, se lee en letras grandes.

Estamos en las mismas. Mientras que los católicos celebran la beatificación de Karol Wojtyla -llamado también “el gigante de Dios” o “Juan Pablo II el Grande”-, algunos tienen que burlarse de sus sentimientos o herir sus sensibilidades, todo en nombre del derecho a la sátira y de la libertad de expresión (demasiadas veces entendida como la libertad para insultar). Aquí se plantea una pregunta: ¿Il Fatto habría puesto en su tira cómica una imagen irreverente haciendo referencia a otras religiones como la musulmana?. Probablemente no, porque habría estallado un pandemónium, con una fatwa contra el dibujante y contra la redacción. Basta acordarse del clamor suscitado por la caricatura del profeta Mahoma publicada en septiembre de 2005 en uno de los periódicos daneses más conocidos, el Jyllands-Posten”.

Provoca enfado constatar que para los autores o los que apoyan obras blasfemas, los cristianos deberían permanecer en silencio delante de las provocaciones. Parece que la única reacción que se consiente es la de “poner la otra mejilla”. Es elocuente el episodio que se verificó recientemente en Francia. El pasado Domingo de Ramos, un pequeños grupo de jóvenes destrozó a martillazos una de las obras expuestas en la muestra "Je crois aux miracles. 10 ans de la Collection Lambert", abierta el 10 de diciembre en otra “ciudad de los papas”, Aviñón, y que cerró sus puertas el domingo 8 de mayo. Como observa Christine Sourgins en la web Décryptage (20 de abril), el grupo fue descrito por los medios de comunicación como un”comando católico”, “término militar, que permite meter a todos en el mismo saco, con los islamistas”. Es decir: un cristiano que reacciona a la enésima provocación termina ipso facto en la categoría de extremista o terrorista.

La obra de arte “destrozada” es del artista estadounidense Andres Serrano y se llama “Piss Christ” (Cristo de orina). Se trata de una fotografía de un pequeño crucifijo inmerso en la orina (del artista), mezclada con líquidos seminales. El artefacto se remonta a 1987 y forma parte de la serie “Inmersions”, en la que se incluye, por ejemplo, una Última Cena sumergida en líquidos fisiológicos. Según Serrano, que se proclama “cristiano”, el objetivo es llamar la atención sobre el drama del SIDA. Desde el principio la obra -que ganó en 1989 el premio Awards in the Visual Arts- ha provocado fuertes polémicas, en E.U.A y en Australia, donde fue cuestionada el año 1997 por el arzobispo de Melbourne, monseñor George Pell.

El “ataque” contra la obra considerada blasfema, en el que se vio afectada también otra fotografía de Serrano, “Soeur Jean Myriam”, suscitó varias reacciones, incluso del ministro de cultura francés, Frédéric Mitterrand. Según el sobrino del difunto Presidente socialista François Mitterand, la acción atenta “contra un principio fundamental”, es decir “la libertad de creación y de expresión inscrita en la ley” (Décryptage). El mismo Mitterand admitió, sin embargo, que una de las obras dañadas “podía chocar a cierto público”. Una declaración desde luego sorprendente, porque, -como recuerda siempre Sourgins, historiadora del arte y autora del libro “Les Mirages de l'Art contemporain”- “la obra ha chocado verdaderamente”. ¡Y de qué manera!

Que los jóvenes se han tomado la justicia por su mano, recurriendo a la violencia y dañando dos de las obras exhibidas, es, sin duda, discutible. Porque significa “entrar en una lógica arriesgada”, como observó Thibaut Dary, colaborador laico de la diócesis de Nanterre (Décryptage, 21 de abril), que sugirió otra respuesta: “Kiss Christ”, la de besar a Jesús puesto en la cruz, como sucede en la liturgia del Viernes Santo.

La lista de las obras de arte contemporánea que denigran la religión cristiana y en particular al catolicismo, es muy larga. Por ejemplo la “Rana crucificada” del artista alemán Martin Kippenberger, una rana verde (por cierto feísima), crucificada, mientras tiene en la mano (o pata) derecha una cerveza y en la izquierda un huevo. Otro ejemplo podría ser el crucifijo obsceno realizado por el boloñés Federico Solmi. La obra presentada como una “renovación” de un crucifijo de 1200, en el que está representada una figura desnuda en la cruz (el mismo artista, que sonríe maliciosamente), con la mitra en la cabeza, la cruz en el pecho y el órgano sexual erecto que sale del tanga.

También fuera de occidente no faltan las provocaciones artísticas anticristianas. Una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, con un cigarro en la mano derecha y una lata de cerveza en la izquierda, publicada en un libro de texto escolar de primaria, que horrorizó a la comunidad cristiana de la India el año pasado. Siempre en 2010, se pudo “admirar” en un centro comercial de la capital china Pekín, un Cristo crucificado con el rostro del personaje de la Disney “por excelencia”, Mickey Mouse.

No hay dudas. A menudo el arte contemporáneo busca la provocación en vez de la belleza, llegando incluso al escándalo. Que uno de los objetivos preferidos sea la cruz o Jesús crucificado invita a la reflexión. Quizás significa que “el escándalo de la cruz” -como escribió San Pablo en su Epístola a los Gálatas (5,11)- continúe suscitando reacciones, también adversas, en el mundo del arte contemporáneo. Pero ¿han de ser por fuerza vulgares o algo peor?

Traducción del italiano por Carmen Álvarez

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