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Puntos en común entre Obama y la Iglesia

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Ciudad del Vaticano, jueves 9 de julio de 2009.- Hay aspectos del pensamiento político del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y de su "realismo humilde", que podrían acercarse a la doctrina social de la Iglesia, reconoce el antiguo teólogo de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
 
 
 
 
El cardenal Georges Cottier, OP, teólogo emérito de la casa pontificia, prestigioso experto en ética, ha publicado un artículo en la revista "30 Días", en el que comenta los dos discursos del mandatario estadounidense pronunciados en las universidades de Notre Dame, el pasado 17 de mayo, y en la Universidad islámica Al-Azhar de El Cairo, el pasado 4 de junio.
 
 
El presidente estadounidense será recibido en la tarde de este viernes en el Vaticano por primera vez por Benedicto XVI.

Desde un primer momento, el purpurado dominico advierte que su análisis "no busca interpretar a nuestro modo estos discursos", sino más bien "buscar puntos de contacto".
 
 
En primer lugar, destaca la manera en que Obama se dirige a los jóvenes, diciéndoles que el momento presente se convierte para ellos en un "privilegio y una responsabilidad".

"Ya en este enfoque positivo hay algo de cristiano --observa quien fue secretario general de la Comisión Teológica Internacional durante catorce años, cuando su presidente era el cardenal Joseph Ratzinger-- las tareas de cada generación son tareas de las que la Providencia de Dios no está ausente".

El bien común como "terreno común"

El purpurado suizo analiza el discurso en la Universidad de Notre Dame, pronunciado por el presidente en medio de una enorme polémica, pues ese centro católico de enseñanza le galardonó con un doctorado honoris causa en Derecho, a pesar de que su historial político se caracteriza por la promoción del aborto incluso en fases avanzadas de embarazo.
 
 
Ese discurso, aclara el cardenal Cottier, antiguo profesor de las universidades de Ginebra y Friburgo, está sembrado de referencias tomadas de la tradición cristiana.
"Hay, por ejemplo, una expresión que se vuelve frecuente 'terreno común', que corresponde a un concepto fundamental de la Doctrina social de la Iglesia, que es el del bien común", afirma el purpurado de 87 años.
 
"En la mentalidad actual --explica el cardenal Cottier-- se da la tendencia de pensar que la moral concierne sólo al ámbito de la vida y de las relaciones privadas. En cambio, también la búsqueda del bien común interpela la referencia a criterios y normas morales", aclara citando la encícclia "Pacem in terris" de Juan XXIII (n. 80).

El pecado original

El purpurado, además, constata: "Obama toma como punto de partida un dato que la tradición cristiana siempre ha reconocido y tomado en consideración: las consecuencias del pecado original".
En Notre Dame el presidente dijo: "Parte del problema está en las imperfecciones del hombre, en nuestro egoísmo, en nuestro orgullo, en nuestra obstinación, en nuestra avidez, en nuestras inseguridades, en nuestros egoísmos: todas nuestras crueldades grandes y pequeñas que en la tradición cristiana se entienden arraigadas en el pecado original".
"En la doctrina cristiana --precisa el purpurado-- tener en cuenta las consecuencias del pecado original no quiere decir convertirse en cómplices del pecado o renunciar a proponer a todos los hombres también las verdades morales cuyo conocimiento, en la concreta condición histórica vivida por los hombres en esta tierra, parece como ofuscado para muchos".

"Tampoco Obama sugiere en su discurso que se hayan de esconder las propias certezas morales, como si se debiera considerar imposible o por lo menos inoportuno afirmar la existencia de verdades objetivas en el contexto de una sociedad pluralista", dice el cardenal.

"Lo único que hace es señalar que la experiencia de nuestro límite, de nuestra propia fragilidad, de nuestra miseria, 'no debe empujarnos fuera de nuestra fe', sino que simplemente debe 'hacernos más humildes', permaneciendo 'abiertos y curiosos' incluso en situaciones de confrontación y de contraposición sobre temas éticamente sensibles".

"De este modo, la enseñanza tradicional sobre el pecado original sugiere un enfoque de la realidad humana que puede resultar útil, en las actuales circunstancias históricas vividas en las sociedades pluralistas", explica el purpurado.

"Obama dice que debemos estar convencidos, como pre-juicio (dándole por una vez a esta palabra una acepción positiva), que el otro actúa de buena fe. Incluso quien no piensa como yo. Hemos de evitar la caricatura del otro, respetar al otro, no demonizarlo", constata el teólogo.

"La democracia vive de esta inspiración, de naturaleza íntimamente cristiana", subraya Al leer los discursos de Obama, el cardenal Cottier confiesa que ha acudido con la memoria a la encíclica de Pablo VI "Ecclesiam Suam", "donde el Papa Montini escribe que el camino de las relaciones humanas en la sociedad es el del diálogo, incluso sobre verdades vitales, por las que se puede llegar a dar la vida".

"El discurso en la Universidad de Notre Dame me recordó también la 'Dignitatis humanae' -- escribe el purpurado--, gran texto de la doctrina social de la Iglesia, en el que se reconoce el deber de las personas de buscar la verdad, que es un deber ante Dios y nace de la naturaleza humana. Por tanto, cuando respeto al otro, yo respeto en él esta capacidad de verdad".

La cuestión del aborto

"Me ha impresionado --continúa confesando el purpurado-- que Obama no dejara de afrontar la cuestión más espinosa, la del aborto, sobre la que había recibido muchas críticas también de los obispos estadounidenses&qu ot;.

"Por un lado estas reacciones están justificadas: en las decisiones políticas respecto al aborto están implicados valores no negociables". Ahora bien, el cardenal precisa que el presidente Obama no lleva adelante la idea del aborto como un derecho.

De hecho, parece más bien proponer "la búsqueda de un terreno común", que consiste en "trabajar todos juntos para reducir el número de mujeres que buscan abortar".

"El suyo no es para nada el relativismo malentendido de quienes dicen que se trata de opiniones que se contraponen a otras opiniones y que todas las opiniones personales son inciertas y subjetivas", explica Cottier.

Además, prosigue el cardenal, Obama reconoce la gravedad trágica del problema: la decisión de abortar "desgarra el corazón de la mujer". "Y añade --indica el intelectual suizo-- que toda reglamentación legal de esta materia debe garantizar de manera absoluta la objeción de conciencia a los agentes sanitarios que no quieran dar su asistencia a prácticas abortivas".

"Sus palabras van en la dirección de disminuir el mal", subraya el cardenal Cottier.

De otro lado, recuerda el purpurado, "el mismo santo Tomás, que no tenía dudas sobre el hecho de que la ley debe ser moral, añade que el Estado no debe poner leyes demasiado severas y 'altas', porque serán despreciadas por la gente que no será capaz de aplicarlas".

Realismo político, no diálogo sobre lo no negociable

El realismo del hombre político, continúa el cardenal, "reconoce el mal y lo llama por su nombre".
"Reconoce que hay que ser humildes y pacientes, que hay que combatirlo sin la pretensión de desarraigarlo de la histori a humana mediante instrumentos de coerción legal. Es la parábola de la cizaña, que también vale a nivel político".

En este sentido, recuerda que "también la Iglesia ha percibido siempre como lejana y peligrosa la ilusión de eliminar totalmente el mal de la historia por vía legal, política o religiosa".

Y, es más, afirma que "la historia, también la reciente, está sembrada de desastres causados por el fanatismo de quienes pretendían secar las fuentes del mal en la historia de los hombres, acabando por transformar todo en un gran cementerio".

"Los regímenes comunistas seguían exactamente esta lógica", escribe. "Así como el terrorismo religioso que incluso mata en nombre de Dios".

Relación con el islam

Luego, el purpurado pasa a analizar el discurso de Obama en la Universidad islámica Al-Azhar de El Cairo, en el que el presidente también trató de individuar un "terreno común" "sobre el que hacer progresar las complicadas relaciones entre islam y mundo occidental, con especial referencia a los Estados Unidos".

"En esta búsqueda, según el presidente, cada uno está llamado a mirar dentro de su propia tradición para encontrar los valores fundamentales y los intereses comunes sobre los que construir el respeto recíproco y la paz".

"Un enfoque de este tipo --comenta-- desmiente radicalmente las tesis del choque de civilizaciones y es un antídoto contra la tendencia a aplicar estereotipos negativos a los demás".

En su discurso en El Cairo, el presidente de Estados Unidos también ha confirmado que "la democracia no se puede imponer desde afuera, y que en el camino hacia la democracia cada p ueblo debe encontrar su proprio camino".

La categoría cristiana del perdón

El cardenal Cottier confiesa igualmente que le impresionó la decisión de Obama de citar en su intervención el Sermón de la Montaña (las Bienaventuranzas): "un discurso dirigido directamente a los discípulos de Cristo", que "no está hecho in primis para la sociedad temporal, política o civil".

El talento de Obama está en haber "percibido su reflejo positivo y su inspiración sobre la vida de la civitas".
Un acto, confiesa Cottier, que le ha recordado la intuición de Juan Pablo II sobre el "reflejo político del perdón y de las peticiones de purificación de la memoria".

De hecho, concluye el Cardenal, "no se ve cómo se podrá salir de situaciones intolerables como las que se viven en Oriente Medio, si los dolores de los hombres por las maldades y los daños sufridos no son abrazados y disueltos por la fuerza reconciliadora del perdón".

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